lunes, 25 de junio de 2018

Aleatoriedad, comunicación y un juego en el que pierdes contra una rata

Estamos rodeados de sucesos aleatorios, pero a nuestra mente le cuesta mucho aceptarlo. Necesitamos explicación. Conocer esta característica de nuestro cerebro adquiere una gran importancia en diversas áreas, como la Comunicación o la dirección de equipos, donde asumir la relevancia de la aleatoriedad como variable en los procesos de toma de decisiones en incertidumbre contribuye a mejorar esta habilidad directiva, clave en el Liderazgo.

Nuestro cerebro es complejo y en su forma de trabajar se dan comportamientos que conviene conocer en Comunicación y dirección de equipos ya que nos afectan tanto a nosotros como emisores de mensajes como a nuestros interlocutores. Entre otros...
  • No asunción de la aleatoriedad.
  • Necesidad de explicación.
  • Búsqueda de patrones donde no los hay.
  • Uso de la intuición (heurísticas) en situaciones de incertidumbre
  • Elecciones que buscan directamente la supervivencia más allá de la mejor elección sobre un problema complejo.

Adivinanza de Probabilidad

Pero antes de seguir con la teoría, voy a proponer un juego. Se denomina Adivinanza de Probabilidad, y consiste en colocar a una persona y a una rata delante de sendas pantallas y pedirle al humano que adivine qué color va a aparecer, rojo o verde; y a la rata incentivarla con un premio cada vez que acierta.

No se les da ninguna pista. Es decir, ambos están en situación de incertidumbre. Eligen un color, y si el que aparece es ese, aciertan. Y si no es, fallan. Sin más datos.

El rango de probabilidad que se establece es de 3-1 del rojo frente al verde, pero se deja aleatoriedad total en cuando a las posibilidades que se van a mostrar. Es decir, pueden aparecer de acuerdo a órdenes tan diferentes como estos:
  1. RV - R - R - V - R - R - R - V - R - R - R - R - R - R - R - R - R
  2. V - R - R - V - R - R - R - R - R - R - R - R - R - R - R - V - R - R - V - V
  3. R - R - R - R - R - R - R - R - R - R - R - V - R - V - R - V - R - V - R - V
  4. R - R - R - R - R - R - V - V - R - R - R - V - R - R - V - R - R - R - V - R
  5. V - V - V - V - R - R - R - R - R - R - R - R - R - R - R - R - R - R - R - V
Cualquiera de ellos cumple con esa premisa de 3 apariciones del rojo por cada 1 del verde, pero esa disposición no se programa racional o conscientemente. Es el algoritmo del ordenador quien muestra uno u otro color con total aleatoriedad. Cuando se inicia el juego, y tras las primeras apariciones de colores, las estrategias que suelen emplear los jugadores son dos:
  1. Tratar de encontrar un patrón de aparición para adivinar el siguiente color.
    1. No garantiza nada, pero deja abierta la posibilidad de acertar todas.
  1. Comprobar cuál es el color que aparece más y centrarse sólo en él.
    1. Garantiza un alto porcentaje de aciertos, pero nunca el 100%
¿Qué sucede cuando se hace esta prueba con una persona?
  • Los seres humanos tendemos a buscar un patrón.
  • Eludimos la posibilidad de la aleatoriedad y buscamos una explicación.
  • Pronto advertimos que aparece más veces el rojo que el verde y contestamos en más ocasiones con ese color, pero como tratamos de ser más listos que nadie y encontrar un patrón (inexistente, como ha quedado explicado), pensamos cada decisión en función de las apariciones anteriores (que en realidad no afectan para nada, porque hay aleatoriedad).
  • Esto, eliminando las primeras decisiones que se consideran de adaptación al experimento, arroja aproximadamente un resultado medio de aciertos del 60% para los seres humanos.
¿Qué sucede cuando se hace esta prueba con una rata?
  • La rata no busca un patrón.
  • No necesita explicarse nada, y al cabo de una pocas elecciones comprueba que aparece más veces el rojo.
  • Directamente tiende a elegir siempre el rojo, que le garantiza premio cada vez que sale.
  • Esto, eliminando las primeras decisiones que como dijimos se consideran de adaptación al experimento, arroja un resultado medio de aciertos del 75% para las ratas.
Resumiendo: Ser humano 60% y rata 75%.


Aleatoriedad y Comunicación
En las últimas décadas, campos académicos como la psicología cognitiva, la neurociencia, la economía conductual o las propias matemáticas se han ocupado de la aleatoriedad.

Entre sus descubrimientos, uno esencial: la incompatibilidad de la intuición humana, debido a sus limitaciones, con situaciones que implican incertidumbre.

Y sin embargo, entre otras cosas, muchos de esos estudios señalan conexiones entre las partes del cerebro que deciden en situaciones de incertidumbre o azar y las que gestionan nuestras emociones. Eso que algunos llaman nuestro yo irracional.
Por ejemplo, una de las principales conclusiones es que, en situaciones inciertas, los seres humanos utilizamos frecuentemente procesos intuitivos para realizar tanto las valoraciones previas como las elecciones finales. Técnicamente eso es algo muy útil porque...

La mente humana está diseñada para sobrevivir.

Vamos, que para garantizar la supervivencia, ante la duda, es mejor pensar que ese ruido es un león y largarte antes que quedarte y descubrir que te has equivocado.

Sin embargo, esos procesos de toma de decisiones no se crearon para interactuar en el mundo moderno.

En un entorno hostil, como el mundo de la empresa, donde hay que hacer otro tipo de evaluaciones y cálculos, la intuición, el uso de esas heurísticas en procesos complejos, nos puede llevar a no adoptar las mejores decisiones o incluso tomar algunas que resultan contrarias entre sí.

Básicamente estamos en un entorno distinto y tenemos que movernos en él con una herramienta que no está diseñada específicamente para el mismo.
Por ejemplo, retomando el ejemplo del juego, con el objetivo de tomar decisiones rápidas que garanticen la supervivencia, el diseño de nuestra mente incluye que busquemos asociar cada suceso con una causa. No dejamos nada en el aire, sino que buscamos una explicación y actuamos de acuerdo a la misma.
Eso lleva a que en situaciones de incertidumbre, cuando nos falta información, tendemos a realizar interpretaciones conflictivas.

Y para cuando queremos darnos cuenta, la rata lleva más aciertos que tú.
Conclusiones

Dadas estas características de nuestro cerebro, al construir mensajes, elaborar estrategias de comunicación o dirigir equipos:
  1. Cuando la explicación que damos sobre un asunto no es creíble y aceptable...
    1. Nuestros interlocutores buscarán la suya propia.
    2. Y no sólo la buscarán. Lo peor es que encontrarán una, cualquiera, y la difundirán, principalmente en forma de rumor.
    3. No podrán evitarlo, su cerebro necesita una explicación, y contarla es el mejor modo para reafirmarse.
  1. Si ante un determinado suceso o acción (en situaciones de aleatoriedad, cuando no podemos controlar todas las variables o no hay datos reales que nos avalen) nos obcecamos en buscar un patrón que no hay, estaremos más cerca del 60% que del 75%. Por ejemplo, en esos momentos en la empresa en los que hay que decidir y alguien dice...
    1. “Ese cliente suele...”
    2. “Yo sé bien que cuando pasa eso o dice eso en realidad...”
    3. “Este mercado es así siempre...”
    4. “Pues yo creo que lo que está pasando es que...”
    5. “Mi nariz no me engaña y...”
  1. En ocasiones, hay que dar explicaciones de sucesos aleatorios que no la tienen (un accidente a veces es sólo eso, un accidente), pero hay que buscarla porque nuestros interlocutores la necesitan y exigen.

Y por último, recuerda...

La rata nos gana por negarnos a admitir la aleatoriedad y tratar de ser ‘más listos que nadie’ buscando un patrón.


Origen Imágenes
• Pixabay


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