lunes, 19 de febrero de 2018

Contexto, la necesaria adaptación al tema y al público

Replicar lo que ha funcionado en un proyecto, un área de la empresa o un sector económico en otro entorno es una tentación muy grande. Ahorra tiempo y esfuerzo (sobre todo pensar), pero también lleva en ocasiones a un error tan frustrante como perjudicial porque nos cuesta entender (o directamente nos negamos a hacerlo) que si el contexto es otro, las emociones que éste genera también pueden variar. Y eso puede ocasionar que los destinatarios de nuestros mensajes los entendiesen en aquel contexto y sean incapaces de comprenderlos en el actual, por muy similares que sean. Los ligeros matices marcan la diferencia, y ahí entra en juego la Comunicación, tanto la que damos como la que recibimos.

El contexto en Comunicación es esencial en muchos temas que ya he abordado en el Blog, como el storytelling, las heurísticas, los sesgos cognitivos en general y el Sesgo de Confirmación en particular, el Priming o el Principio de Invariancia. También lo es en la Heurística de Anclaje, que abordaré en el futuro.

En esta ocasión, para mostrar desde un punto de vista diferente cómo puede influir el contexto en la comprensión del mensaje por parte de los receptores voy a utilizar dos juegos de naipes. 

El primero es el denominado ‘Tarjeta de selección de Watson’, realizado por el psicólogo inglés Peter Cathcart Wason en 1966. En el mismo hay cuatro naipes y se plantea la siguiente pregunta:

¿Qué dos cartas deberías dar la vuelta para comprobar la veracidad de la frase...?

‘Si una carta muestra por un lado un número par,
entonces su otra cara muestra un color primario’



Es un problema muy simple (te doy una pista: los colores primarios son rojo, azul y verde). Piensa la respuesta antes de seguir leyendo.

¿Ya has elegido dos cartas?

¿Son los naipes ‘8’ y ‘azul’?

Aproximadamente el 75% de la gente da la vuelta esas cartas... y se equivocan.

La razón es que nos dejamos llevar por el Sesgo de Confirmación y tratamos de ‘confirmar’ el enunciado. Por eso la tentación del ‘8’ y el ‘azul’ es grande.

Si el ‘8’ es azul, y el ‘azul’ oculta un número par, se cumple la norma y sentimos que podemos contestar a la pregunta... Sin embargo, no nos garantiza que el naipe ‘marrón’ tenga un número par.

La solución está en aplicar el método científico, que consiste justo en lo contrario, buscar el modo de refutar la teoría. Es decir, dar la vuelta a los naipes ‘8’ y ‘marrón’ porque...
  • Nos da igual el naipe ‘3’.
  • Necesitamos comprobar si el ‘8’ es azul, rojo o verde (colores primarios).
  • Nos da igual si el ‘azul’ es par o impar. El enunciado no niega la posibilidad de que un número impar tenga un color primario.
  • Necesitamos comprobar si el ‘marrón’ tiene un número par. En caso contrario, el enunciado sería erróneo.
Cuando fallas, o incluso si aciertas tras pensarlo y analizarlo mucho, es fácil decir que éste es un juego hecho para confundir a la gente. Pero no lo es.

Juego número 2

Richard Griggs y James Cox, psicólogos de la Universidad de Florida, propusieron en 1982 otro juego en el que mostraban por un lado la edad del sujeto y por el otro la bebida que está tomando. Luego, realizaban la siguiente pregunta...

¿Qué dos cartas deberías dar la vuelta para comprobar la veracidad de la frase...?

‘En este grupo no hay menores
tomando alcohol’



Nuevamente, piensa la respuesta antes de seguir leyendo.

¿Ya has elegido dos cartas?

¿Son los naipes ‘16’ y ‘vodka’?

Aproximadamente el 73% de la gente da la vuelta esas cartas... y acierta.

Para los que no lo han hecho y han elegido otra combinación de naipes:
  • Nos da igual el naipe ‘41’. Es un adulto, puede beber lo que quiera.
  • Necesitamos comprobar si el de ‘16’ años no bebe alcohol.
  • Nos da igual si el que bebe ‘zumo’ es un adulto o un menor.
  • Necesitamos comprobar si el que bebe ‘vodka’ es menor.
Una simple comprobación permite ver que el juego es exactamente el mismo que el anterior. Únicamente varía el contexto. De cifras y colores (con el ‘lío’ añadido de que sean primarios o no) se pasa a relacionar edades y mayoría de edad con la posibilidad de beber alcohol.

Un ‘pequeño cambio’ de Comunicación que convierte un 75% de errores en un 73% de aciertos.

Mismo problema y misma solución. Pero sólo en el segundo caso se ve rápidamente y de manera correcta, y eso lo cambia todo.


¿Por qué no vemos el primero y sí el segundo?

A la hora de construir un mensaje hay que recordar siempre que nuestros receptores piensan mejor en lo concreto que en lo abstracto, más aún si están familiarizados con ese tema en especial.

Por eso, si el asunto o el vocabulario que utilizamos es abstracto, muchos no nos entenderán por completo, no habrá conexión al 100% y los matices que se pierden pueden ser importantes en la respuesta que se va a generar.

Sin embargo, si traducimos esa exposición abstracta a términos sociales o un contexto familiar para su receptor saltaremos una barrera que nuestros cerebros tienen de forma innata.

El cerebro humano ha evolucionado para poder calcular rápidamente respuestas a problemas sociales, pero le cuesta mucho más realizar cálculos abstractos de lógica condicional.

Básicamente, no hemos necesitado esa capacidad para ser la especie dominante. Nuestra ventaja competitiva ha sido convertirnos en seres sociales, y ahí se han centrado nuestros esfuerzos evolutivos.

Entendemos de derechos y obligaciones, no de asociar colores y números.

Una buena pista a la hora de construir historias.

En el caso de los juegos de naipes, todo el mundo conoce la norma de que los menores no pueden beber alcohol, y por eso rápidamente calculamos qué hacer para comprobar si alguien no cumple la ley; sin embargo pensar en pares e impares y relacionarlos con determinados tipos de colores... digamos que no es tan fácil.



Técnicamente...
  • Como emisores de mensajes nos afecta que...
    • Cuando aprendemos una regla, norma o procedimiento sentimos que podemos aplicarla a cualquier faceta de nuestra vida. Queremos creer que sirve para todo... pero no es así.
    • Por ejemplo, cuando un niño aprende a sumar, siente que ya lo sabe todo, que eso es cuanto necesita. Incluso se resiste a aprender a multiplicar e intenta hacer los problemas sumando (¿para qué aprender la tabla del 3 si puede sumar 10 tres veces?). Trata de aplicar lo que sabe, y si eso le da una solución, siente que es la correcta.
    • Como adultos, actuamos del mismo modo. Ante un problema, tratamos de aplicar la solución que ya nos ha funcionado antes. Sin atender mucho a particularidades o matices. Eso funciona y punto. Es más fácil que volver a pensar y nos autoconvencemos de que va a funcionar. Lo sentimos.
    • Además, si de entrada parece funcionar, o al menos que no falla, no realizamos todas las verificaciones que deberíamos hacer.
  • Como receptores de mensajes nos afecta que...
    • En realidad, el cerebro ve la solución a cada problema en función de su contexto y de las emociones que éste genera.
    • De ese modo, si nos sugieren algo que no se ajusta a ese contexto ni lo vemos ni lo entendemos. No podemos asimilarlo.
  • Por eso, en Comunicación, o adaptamos el mensaje al contexto o no nos entenderán como queremos que nos entiendan.
  • La solución final puede ser la misma, pero quizá no se pueda llegar a ella del mismo modo a como llegamos o la aplicamos en otra área, problema, tema...
  • Por ejemplo, la solución puede ser mejorar el servicio, pero bien en ese sector mejorar el servicio puede ser algo radicalmente distinto a lo que funcionó en otro, bien hay que explicarlo de otro modo. En ambos casos porque el contexto que conocen esas empresas o profesionales es otro.
  • Esto plantea problemas de doble dirección en educación, formación directiva, liderazgo...
    • ¿Estamos seguros de que lo que se enseña en un entorno concreto de formación o aprendizaje (abstracto) se traslada luego eficazmente a la vida real (concreto)?
    • ¿Se aplican soluciones teóricas a problemas reales cuyo entorno y emociones reclaman otro análisis y otras medidas?

El contexto en Comunicación lo cambia todo

Para acabar, cinco advertencias sobre el contexto que no debe olvidar todo comunicador:
  1. Una pequeña diferencia de contexto puede generar emociones distintas que requieren ser abordadas de un modo diferente.
  2. Por muy similares que sean, los pequeños matices entre dos temas, proyectos o sectores, sus particularidades, pueden marcar grandes diferencias. Están ahí y hay que buscarlos porque marcan la diferencia entre una buena y mala o regular comunicación.
  3. Como emisores de mensajes, debemos pensar cómo construirlos en cada caso para dar la mejor respuesta a esos matices que condicionan su asimilación por parte de nuestros receptores. Lograr que nos entiendan al 100% es el camino para obtener los resultados esperados con esa comunicación.
  4. Si nuestro tema es árido, tenemos que ponérselo fácil mediante el uso del storyelling, metáforas, ejemplos... lo que sea con tal de evitar mensajes difíciles de asimilar que generen ‘ruido’ y confusión.
  5. Es decir... no debemos clonar directamente planes de comunicación, acciones o mensajes en distintos temas o sectores.


Origen Imágenes
• Pixabay


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1 comentario:

  1. Muy interesante conocer como nos comportamos y reaccionamos sin darnos cuenta, estamos condicionados sin saberlo de forma directa. Gracias

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