lunes, 4 de septiembre de 2017

George Orwell: Consejos para escribir bien en tiempos de ‘posverdad’ y ‘hechos alternativos’

En tiempos de ‘posverdad’ y ‘hechos alternativos’ es un buen momento para recordar los consejos  de George Orwell sobre Comunicación política. Reglas que sirven tanto para escribir bien como para detectar aquellos textos que, básicamente, buscan confundir o manipular. El autor británico tenía la capacidad innata para construir historias profundas que llegaban fácilmente al gran público gracias a una prosa clara y directa, lo que convierte sus recomendaciones en un buen referente estilístico para los profesionales de la Comunicación.

Esa vocación manipuladora que reconocía en buena parte de la comunicación política preocupaba mucho a Orwell, quien en sus obras dejaba caer perlas como esta:

“En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario”

Orwell entendía que el lenguaje político se está empleando para presentar mentiras como verdades, o vestir de honorabilidad acciones despreciables e inmorales. Algo que se consigue mediante argumentos que aparentan solidez cuando en realidad son sólo humo, hasta el punto de lograr que incluso el asesinato parezca respetable.

Por eso, en 1946 escribió un ensayo titulado ‘Politics and the english language’. En el mismo, ofrece consejos para Comunicadores...
    ...que buscan:
    • Claridad
    • Concisión
    • Evitar malentendidos
    ...o que tienen miedo de:
    • ‘Meter la pata’
    • Decir ‘lo que hay que decir’
    • Que les critiquen ‘digan lo que digan’

    2+1 problemas de la Comunicación Política

    Orwell detectaba dos problemas principales en la Comunicación Política de su época, aunque ambos son fácilmente trasladables tanto a la actual como a otros tipos de comunicación, incluida la empresarial:
    1. El lenguaje político está lleno de confusión, medias verdades y opacidades. Todas ellas se presentan disimuladas en un envoltorio de palabras que sobran (por ser innecesarias o no significar nada) y unidas por una lista interminable de preposiciones. Esto convierte cualquier texto en farragoso e imposible de asimilar y entender.
    2. Prolifera el uso de frases hechas llamativas, más que palabras precisas que definen situaciones.
    A otro nivel, el escritor destaca un mal también muy actual:
    1. La profusión de palabras en otros idiomas distinto al inglés (principalmente francés y latín) para aparentar un cierto nivel cultural o elegancia al escribir, cuando en realidad lo que se demuestra es desconocimiento del propio idioma y, a veces, incluso del foráneo al usar mal algunos términos.
      La conjunción de estos problemas genera textos ineficaces (o eficaces, si lo que pretende el autor es precisamente confundir o evitar pronunciarse con claridad).

      Textos en los que aparecen con profusión figuras como...
      • Metáforas y frases hechas manidas que, de tanto usarse, han perdido su significado y fuerza originales:
        • Estamos ante una cita histórica... Hay una de éstas a la semana. A veces más.
        • La historia demuestra... La historia es sólo una, pero cada momento de la misma, cuidadosamente seleccionado y despojado de su contexto, puede ser interpretado de tantas maneras como oradores lo usen.
        • No seré yo quien... Y luego resulta que sí, que sí es él.
      • Terminología grandilocuente y pretenciosa que busca que opiniones parciales y sesgadas parezcan imparciales.
        • Los expertos... ¿Quienes? Con nombre y apellidos...
        • La calle habla y dice... ¿Y no será él el único que lo dice buscando que llegue a la calle a fuerza de repetirlo?
        • Cumplo una misión para el pueblo... ¿El pueblo o sólo los suyos?
      El método Orwell
      Escribir con claridad o detectar a quien no lo hace es fácil, según Orwell. Sólo se requiere un cambio profundo de actitud. No se trata de un cambio de estilo, sino de pensamiento. Porque el pensamiento corrompe el lenguaje y el lenguaje corrompe el pensamiento.
      Para lograrlo, Orwell propone un método que se puede aplicar a cualquier tipo de comunicación, ya sea política, corporativa, memorándum de trabajo, correo electrónico...
      Un método que consiste en hacerse primero 6 preguntas relacionadas con el texto que se quiere escribir, para a continuación aplicar 6 reglas que permiten dar respuesta a dichas cuestiones.

      Aquí lo tenéis en forma de presentación:
      4+2 preguntas que hay que hacerse
      Primera fase
      1. ¿Qué estoy tratando de decir?
      2. ¿Qué palabras expresan eso de la manera más eficaz?
      3. ¿Qué imagen consigue que ese mensaje sea más claro?
      4. ¿Es esa imagen lo bastante nueva como para generar el efecto buscado?
      Segunda fase
      1. ¿Puedo decirlo de un modo más breve?
      2. ¿He escrito algo feo o que no suena bien y que se puede omitir?
      6 reglas que hay que cumplir
      1. Nunca use una metáfora, comparación o frase hecha que esté acostumbrado a ver por escrito.
      1. Nunca use una palabra larga cuando una corta significa lo mismo.
      1. Si se puede prescindir de una palabra sin que varíe el significado, elimínela siempre.
      1. Nunca use la voz pasiva si puede usar la activa.
      1. Nunca use extranjerismos, tecnicismos científicos o jerga si existen palabras equivalentes en el lenguaje común.
      1. Rompa cualquiera de estas normas antes de escribir una barbaridad.

      Son muchos los ejemplos de la capacidad que tenía el autor de estas reglas para crear metáforas y mensajes poderosos. Entre todos ellos, para ilustrar perfectamente qué es un buen mensaje y qué es de verdad escribir bien, he elegido esta impactante frase de ‘Rebelión en la granja’, una de sus obras más reconocidas:
      “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”


      Origen imágenes
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