lunes, 8 de febrero de 2016

Falacias: Mentiras que parecen verdades

Una falacia es un razonamiento erróneo o falso que se presenta como correcto. En un proceso de Comunicación, es un arma tan sutil como persuasiva; y su uso, voluntario o inconsciente, puede variar nuestra opinión sobre temas y personas e incluso modificar nuestras decisiones. Los argumentos falaces se escuchan a diario en los entornos personal y profesional. Más aún en comunicación política, donde se usan con profusión para explicar acuerdos y alianzas (o su ausencia), o para conceder credibilidad o no a alguien cuando habla sobre determinados temas.

Por eso, conocer los tipos de falacias que existen permite detectarlas y, en lo posible, aprender a contrarrestarlas y a defenderse de las mismas. Algo que en ocasiones no resulta tan sencillo.

Porque es cierto que hay un nexo común en todas las falacias: Todas aparentan tener uno o varios argumentos que inducen a que se acepte una propuesta que no está correctamente justificada. Pero para detectarlas y eludir sus consecuencias hay que analizar tres elementos:

1. Intencionalidad

En toda falacia, hay dos posibilidades :
  • Se usa sin intención de engañar. El emisor ignora que aplica un argumento falso. Él cree que lo que dice es verdad. Si el emisor somos nosotros, quien nos engaña es nuestro propio juicio.
  • Se usa con intención de engañar. El emisor sabe que su argumento no es cierto o que no corresponde a ese tema, pero como la verdad le llevaría a perder la discusión, utiliza falacias como arma de persuasión, para desviar la atención, ganar tiempo…
El origen de las falacias abarca un amplio abanico. Desde errores de razonamiento de origen diverso (desconocimiento de la materia, generalización precipitada, simple error humano...) a maniobras planeadas como ataques personales, exageraciones, cambios en el tema tratado, etc.

2. Validez del argumento o la conclusión

No hay que olvidar estos dos axiomas:
  • Un Razonamiento falaz no conduce obligatoriamente a una conclusión falsa.
  • Un razonamiento correcto no conduce obligatoriamente a una conclusión verdadera.
Se puede tener razón en el argumento o la conclusión, y sin embargo estar utilizando falacias. Es decir, el argumento puede ser falaz, y sin embargo sus premisas y/o conclusiones ser verdaderas. Pero también deducir que una conclusión es falsa sólo porque el argumento utilizado para llegar a la misma lo es sería en sí mismo una falacia. Concretamente del tipo ad logicam.

Resumiendo, hay falacia si la conclusión de un razonamiento no se deriva estrictamente de las premisas… aunque lo parezca.

3. Propensión a creerlas
  • Aquí no hay dos opciones. Hay que asumirlo, nos creemos constantemente argumentos carentes de toda racionalidad, que eluden la cuestión que se dirime o que no aportan argumentos sólidos, entre otras cosas porque estamos diseñados genéticamente para ello.
Las heurísticas que utilizamos en nuestro razonamiento, incluso para las decisiones más simples, y los sesgos cognitivos que nos ocasionan nos llevan en ocasiones a tomar el camino fácil de creer las cosas sin más si, aparentemente, el argumento puede explicar la conclusión.

Tipos de falacias

Es importante conocer las clases de falacias que existen, más aún en Comunicación, por tres motivos:
  1. Se pueden utilizar para manipular la información.
  2. Llevan al error en la toma de decisiones.
  3. Se creen con bastante facilidad.
Las falacias se han tratado de clasificar desde que Aristóteles identificó 13 en sus Refutaciones Sofísticas (sofisma era el término griego para referirse a un argumento engañoso). Desde entonces, otros autores han diferenciado entre falacias Formales e Informales, Deductivas e Inductivas…

Al margen de éstas clasificaciones, voy a exponer tres falacias, y en post posteriores me referiré a otros como ad baculum, ad lógica, silogismo disyuntivonegación del antecedente, ad verecundiampost hoc ergo propter hoc, ad misericordia, ad populum

Falacia ad hominem
- A dice X
- B dice que A es, o ha dicho o ha hecho, Y (aunque Y no tiene nada que ver con X)
- Por lo tanto, A no tiene credibilidad
- Luego si A no tiene credibilidad, X es falso
“Él dice que ese proyecto es interesante para la empresa. Pero todos conocemos sus ambiciones personales”
En lugar de rebatir la propuesta del rival, se realiza una ataque personal con el fin de desacreditarle.

Hay tres estilos de ataque:
  • Directo (por su religión, opción sexual, religión, físico...).
  • Indirecto (contra sus circunstancias del momento).
  • Envenenar el pozo. Se arrojan toda clase de mentiras e informaciones tergiversadas antes de que el posible rival (un político, un periodista, un compañero de trabajo) diga nada, de manera que cuando lo haga esté tan desacreditado que todo el mundo crea que miente.

    Falacia ad ignorantiam
    - A afirma (o niega) X
    - A dice que no hay pruebas de que X sea falso (o verdadero)
    - Luego X es verdadero (o falso)
    “Nadie ha podido demostrar que mi análisis sobre ese proyecto sea erróneo, luego es acertado”

    Se apela a que nadie puede probar lo contrario de lo que se dice (y probablemente tampoco demostrarlo). Es decir, el argumento es que no se puede rebatir, en lugar de ser que se puede probar.


    Falacia del consecuente
    - Si sucede Y, A hace X
    - A ha hecho X
    - Luego ha sucedido Y
    “Siempre que despiden a alguien el CEO se reune antes con el director de RRHH y con el director financiero. Hoy se ha reunido con ellos, luego van a despedir a alguien

    Se da por cierta una consecuencia si se produce un argumento condicional. Pero no tiene que ser necesariamente así. En el ejemplo anterior, las posibilidades son muchas… aunque la rumorología en las empresas suela decantarse hacia esa posibilidad.


    Origen Imágenes
    • Izismile
    • By Joshua Reynolds (died 1792) [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons


    Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

    1 comentario:

    1. esto es una falacia...jaja...buen post gracias por compartir..

      ResponderEliminar