lunes, 19 de mayo de 2014

Sesgo de Confirmación . ATAJOS DEL CEREBRO EN LA TOMA DE DECISIONES

El Sesgo de Confirmación es la tendencia que tiene nuestro cerebro a creer cualquier información que confirme nuestras ideas iniciales y a despreciar la que no lo hace. Por ello, nos ocasiona graves problemas de criterio y nos puede llevar a cometer grandes equivocaciones. Esto es así porque, aunque en ocasiones sintamos que nos estamos documentando sobre un tema, en realidad no buscamos información; consciente o inconscientemente buscamos reafirmación. Y eso condiciona incluso la búsqueda que realizamos orientándola directamente hacia los resultados que queremos encontrar.

Este sesgo se podría describir como:
Tendencia natural que tenemos a investigar o interpretar la información
de manera que confirme lo que ya pensamos.
Básicamente, nos centramos en lo que queremos escuchar y despreciamos o ignoramos el resto de datos.

O lo que es lo mismo, el cerebro decide y después busca y confirma.

Y lo peor es que nos ‘autoconvence’ de que ha realizado el proceso al revés, que ha buscado, confirmado y luego decidido.

Principales problemas

Cuando se da, el Sesgo de Confirmación ocasiona varios problemas:

1 Búsqueda sesgada de Información

Aunque nos creemos objetivos, tratamos de encontrar algo que confirme lo que ya pensamos y eso nos lleva a tener una visión única de los problemas y/o las posibles soluciones.
‘Ya tengo claro el problema y la solución, no necesito más’.

2 Ausencia de criterio.

Vemos lo que queremos ver. Cualquier dato, incluso dudoso, es una evidencia de que tenemos razón o de que el otro no la tiene (rasgo que lo relaciona con el Teorema de Thomas).
‘Siempre acierto, por lo que sólo hay un criterio bueno, el mío’.

    3 Juzgar mal (positiva o negativamente) a las personas

    Otorgamos altura intelectual o valores morales a quien nos confirma, y se los negamos a quien nos contradice (rasgo que lo relaciona con el Efecto Halo).
    ‘Sólo escucho a los intelectuales de verdad, ese sólo es un manipulador que no tiene ni idea de lo que habla’.

    4 Prejuicios

    Machistas, racistas, fundamentalistas, amantes de las teorías conspiratorias... que no se ven a sí mismos de ese modo ya que sienten que las pruebas les avalan.
    ‘Para un machista da igual que todas las estadísticas digan que las mujeres conducen mejor. Si una mujer pasa un semáforo en amarillo, se confirma que el género entero es un peligro al volante. Si se lo saltan 10 hombres, se confirma que saben lo que hacen porque así evitan accidentes por frenar de golpe’.
    ‘No importan los miles de horas de observación, estudios científicos, pesquisas policiales, acciones personales... una foto borrosa confirma claramente la existencia del monstruo del lago Ness o de los extraterrestres; o una palabra, sacada de contexto o no, demuestra que tal o cual político es justo lo contrario de lo que dice ser’.

    5 Recuerdos selectivos

    Recordamos del pasado sólo los datos que nos convienen, los que ‘mejoran’ nuestras historias o los que nos reafirman ante una situación del presente.
    ‘Recuerdo perfectamente lo que sucedió y lo que yo dije e hice’.
    Situaciones tan habituales que dejan claro que a todos nos afecta de vez en cuando el Sesgo de Confirmación.

    Eso sí, está mucho más acentuado en algunas personas. Todos conocemos a gente que cuando cuenta sucesos en los que estuvimos presentes elude o modifica algunos datos o se recuerda a si mismo diciendo justo lo contrario de lo que dijo.

    Y también conocemos a gente que diga lo que diga otra persona, si le cae bien siempre dice ‘qué bien habla’, y si le cae mal siempre dice ‘no tiene ni idea’.

    Por eso, aunque es verdad que hay quien lo hace conscientemente, hay que tener en cuenta que este sesgo existe y nuestro interlocutor puede estar afectado por él en ese momento.

    ¿Por qué preferimos la confirmación a la verdad?

    Hay diferentes hipótesis. Una de ellas es que tenemos necesidad de darnos la razón a nosotros mismos porque eso daría sentido a nuestras vidas.

    Otra explicación es que, ante cualquier decisión, desde el inconsciente realizamos una evaluación del coste personal que puede tener equivocarnos (de imagen, prestigio personal, posición en el grupo, pérdida económica...) y eso nos lleva directamente a buscar argumentos que nos avalen en lugar de a ser neutrales en la búsqueda y valoración de datos.

    El concepto

    La noción de Sesgo de Confirmación la dieron Daniel Khaneman y Amos Tversky en 1972, pero el primer experimento interesante sobre este atajo y los peligros de juicio que conlleva lo realizó el psicólogo inglés Peter Wason. 

    Simplificándolo un poco, Wason pidió a una serie de voluntarios que escuchasen una sucesión de tres números, 2-4-6. Luego, ellos tenían que averiguar cuál era la regla que les afectaba, pudiendo para ello formularle preguntas o plantearle otras series de tres números para que él confirmase o no si cumplían la misma regla.

    Así, le dijeron series como 10-12-14, 12-18-24, 30-44-56... Es decir, mayoritariamente se inclinaban por que la regla era que se trataba de números pares o algún tipo de incremento medible.

    Nadie planteó posibilidades como 1-2-3, 1-3-5, 12-13-80... Y sin embargo las tres eran ciertas porque la regla era la más simple: ‘tres números cualquiera en orden creciente’.

    Wason se dio cuenta de que la gente eludía preguntas o no le planteaba cifras que, en caso de respuesta positiva eliminasen la idea inicial del sujeto. Es decir, no buscaban el resultado real, buscaban confirmar lo que ya habían decidido previamente que era lo correcto.

    Peligros del Sesgo de Confirmación en la empresa

    El rumor es uno de los grandes peligros internos en una empresa, y el Sesgo de Confirmación su gran aliado. Algo que saben muy bien los responsables de Comunicación.

    Para evitar rumores, lo ideal es seguir la Parábola del Triple Filtro de Sócrates, porque, una vez que surge, cualquier cosa que suceda sirve para ‘confirmarlo’.

    En la situación actual en la que desgraciadamente abundan los ‘eres’ o los despidos, todo el mundo interpreta cualquier gesto, decisión o cambio como que claramente le señala a él como uno de los elegidos para dejar la organización, ocasionando graves problemas de motivación e implicación tan necesarios precisamente cuando las cosas van mal.

    La Comunicación Interna es el único modo de afrontar este problema y gestionar las diferentes situaciones que se pueden producir.

    Pero ese no es el único peligro. Hay otros, que afectan claramente a los directivos, incluido el director de Comunicación, y que conviene enumerar:
    • Exceso de confianza en las creencias personales.
    • No escuchar las opiniones contrarias.
    • Atender sólo los datos positivos.
    • Obviar las informaciones negativas o que no contribuyen a reforzar nuestro trabajo.
    • Juzgar equivocadamente (bien o mal) a un colaborador o miembro del equipo y persistir en el error pese a que su trabajo o aportaciones muestran que es justo lo contrario a lo que opinamos.
    • Toma de decisiones erróneas por dar credibilidad sólo a datos parciales.
    Para evitar esto, no hay secretos, simplemente hay que seguir los siguientes puntos, aunque precisamente por tratarse de un sesgo cuesta mucho. Sobre todo porque, aunque pensemos que ya lo hacemos, es muy posible que nos estemos autoengañando:
    1. Documentarse bien, tanto sobre lo que nos avala como sobre lo que es contrario a nuestras ideas.
    2. Atender las opiniones de todos por igual, incluso cuando nuestro cerebro nos diga que alguien no tiene razón.
    3. Tratar de juzgar y valorar las situaciones ‘desde fuera’.
    4. Ser ‘abogados del diablo’.
    5. Buscar argumentos contrarios a nuestras opiniones y hacer autocrítica.
    6. Tener consejeros críticos, y no sólo aduladores o colaboradores que piensen siempre exactamente igual que nosotros.
    Para terminar, dos historias contrarias, que siempre me hacen pensar en este sesgo.

    Negativa

    Una frase de (malos) periodistas que dice:
    “No dejes que la verdad te estropee una buena noticia”.

    Positiva

    Una anécdota que me contó un compañero de trabajo sobre su abuelo, persona muy de izquierdas, que había hecho la guerra y que siempre compraba y leía con interés el diario ABC con el argumento de que:
    “Yo ya sé lo que dicen los míos, quiero saber lo que dicen los otros”.

    Origen Imágenes






    Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

    No hay comentarios:

    Publicar un comentario